13 de junio de 2016
El dilema del científico
La ciencia y la tecnología han evolucionado más en los últimos 100 años que en el resto de la historia humana. La electricidad, los avances médicos, los ordenadores, Internet... Todo ello ha supuesto una mejora en la calidad de vida de muchas personas. Sin embargo, olvidamos con facilidad otras experiencias, en las que la ciencia no estuvo del lado del progreso, sino que sirvió como el brazo armado de gobernantes sin escrúpulos.
Especialmente interesante es el caso de Robert
Oppenheimer, el físico estadounidense considerado padre de la bomba atómica. Fue contratado en el año 1942 en plena Segunda Guerra Mundial para dirigir el Proyecto Manhattan. Este proyecto tenía como objetivo desarrollar la bomba nuclear antes que los alemanes y solo le hicieron falta 3 años al brillante científico para lograrlo. Su implicación total en la investigación y su gran capacidad para coordinar grupos humanos dieron como resultado el arma más mortífera jamás creada.
Los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en Agosto de 1945 aniquilaron a 120.000 japoneses al instante. Además se calcula que 100.000 personas más murieron en las semanas posteriores, a causa de la radiación nuclear. Antes del bombardeo, Japón ya estaba prácticamente rendido y deseoso de firmar la paz, pero no hubo piedad. El gobierno de Estados Unidos liderado por Truman quería una rendición incondicional y absoluta. Para conseguirlo, decidió sembrar el terror con un genocidio fríamente calculado contra población civil indefensa.
Robert Oppenheimer, al ver el resultado de su creación, se mostró arrepentido y parafraseó a Bhagavad Gita: ''Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos''. El sentimiento de culpa le invadió y llegó a afirmar que tenía las manos ''manchadas de sangre''. Se enfrentó a políticos y científicos norteamericanos durante la Guerra Fría, intentando frenar la nueva bomba termonuclear y se ganó poderosos enemigos. Sin embargo, era tarde, el daño ya estaba hecho y era irreparable.
La tecnología, que tantos avances y conquistas ha traído a la humanidad, tiene una cara oculta y horrible, que no deberíamos olvidar nunca. Los científicos no son ajenos a la eterna lucha entre el bien y el mal y por supuesto tienen que elegir: luchar por la libertad y el bien común, nadando a contracorriente en un mundo corrupto, o venderse a los poderosos, poniéndose al servicio de la avaricia, la muerte y la destrucción.
Etiquetas:
atómica,
bomba,
ciencia,
científicos,
nuclear,
Oppenheimer
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar en esta página